miércoles, 10 de enero de 2018

Martillo de Demonios (Ben Counter)

Pues mira, hacía bastante que no leía nada del Universo Wh40k (bah, apenas tres meses) y ya puestos que se puso por delante, decidí acabar con una de las sagas más particulares dentro de la franquicia, la de los Caballeros Grises.

Título: Martillo de demonios
Autor: Ben Counter
Título original: Hammer of Daemons

“Después de que las fuerzas imperiales sufrieran una aplastante derrota a manos del Caos, Alaric, el caballero gris, es capturado y llevado a un mundo demoníaco en el Ojo del Terror. Desprovisto de su armadura y de sus armas, se ve obligado a luchar como gladiador para sus señores, quienes adoran al dios Khorne. Sólo podrá escapar si encuentra un arma legendaria con el poder suficiente como para destruir a las fuerzas del Caos que lo mantienen prisionero. Obligado a someterse a la voluntad del Dios de la Sangre y a convertirse en un verdadero monstruo, deberá combatir mutantes, xenos, guerreros del Caos y al terrible Duque Venalitor para poder liberarse del yugo de sus captores. Finaliza la saga de Los Caballeros Grises.”

Después de lo más parecido a una novela negra y a una novela de terror gótico que ha habido en el cuadragésimo primer milenio, cambiamos otra vez los esquemas. Esta vez la novela no tiene como protagonista a la Inquisición, sino al Caos. No en vano, Alaric no es más que una excusa para mostrarnos un mundo dedicado por completo al culto de Khorne, el dios de la muerte y la sangre, aprovechando así para generar una novela de acción pura con un sinfín de guerras, matanzas y otros espectáculos hemoglobínicos varios.

A diferencia de lo que ocurrió en los dos libros anteriores, Ben Counter abandona cualquier pretensión de contar una historia concreta. Como si estuviera imitando al Conan hibório o al Espartaco de los Starz, las páginas son un continuo de luchas y bravuconadas con escenario variable. Está protagonizada por el juez Alaric que se supone que conocemos de otras aventuras, pero podría ser cualquier Marine, cualquier atisbo de personalidad que pudiera tener porque ha desaparecido, más allá del propio tópico del Adeptus Astartes. Del resto de seres que pululan por las páginas tampoco podemos decir mucho, pues la mayoría no pasan de ser nombres intercambiables que van a morir o matar.

Asimismo, la historia se emburulla extrañamente y se hace dificil encontrar un sentido a lo que está ocurriendo. Cuesta comprender las razones (ejem) que mueven a los personajes, conduciendo hacia un desenlace final porque patata al llegar a las últimas cinco páginas del libro. Sin carisma ni profundidad, podría parecer que la novela es aburrida, pero la verdad es que no. Contiene tanta acción descerebrada tan bien coreografíada que divierte con ganas como entretenimiento vacuo. La calidad de Counter a la hora de pintar escenas sigue vigente, sin dejar un momento de respiro que pueda evitar que pases páginas sin parar.

Quizás es que Ben Counter quería escribir un libro dedicado a los malos y no le dejaron, o iba a estar protagonizado por otro personaje y luego las decisiones editoriales forzaron a meterlo de la saga de los Caballeros Grises, pero no acabo de entender tanta diferencia respecto a sus dos novelas precedentes. Han desaparecido las historias complejas, los personajes con aristas y el carisma de la Inquisición Imperial y quedan las toñas, los tiros y los desmembramientos.


Podríamos decir que se distingue del cánon habitual en la franquicia por la gratuidad de la acción (que ya es decir). De la misma manera, también debemos reconocer que los juegos y las matanzas son presentados con habilidad, las páginas pasan con ritmo y, aunque no se sepa muy bien hacia dónde va, el viaje es divertido.

Nota: 5
Nota goodreads:  3.9/5

domingo, 7 de enero de 2018

Recomendaciones (de Mt) del año 2017: Series


¡Hola a todos! Tal como hice el año pasado, me arrogo también el deber de otorgar también las Recomendaciones (de Mt) del año a las series. Y no es que haya visto pocos capítulos, ¡ni mucho menos! Cuando empecé el repaso, creía que iba a tener un buen montón de ellas entre las que escoger, pues a lo largo del año he visto capítulos de 21 series diferentes, pero luego acabar… ¡he acabado poquitas! Y de acuerdo con mis reglas que me autoimpuse…sólo hablaré de aquellas que he acabado este año, es decir, de aquellas que he visto el último capítulo de la misma (y ya no habrá más) a lo largo de estos últimos 365 días, que doy por finiquitada, vuelva o no por sus capítulos en un futuro próximo o lejano.

Las tres series (completamente terminadas) que he decidido destacar este año son bien diferentes. Tanto que no comparten ni género, ni temática ni país. Quizás son algo irregulares en su conjunto, pero sus momentos de inspiración son más que suficientes para hacerse merecedoras de aparecer por aquí.

La primera de ellas proviene de un país del que nunca hubiera esperado premiar una serie. La Zona es una serie patria. Movistar se suma al carro de la producción propia en su canal de series con un mastodonte que busca emular las más prestigiosas producciones provenientes del otro lado del charco. Con un estilo clarísimamente deudor de la HBO, La zona es una serie de 8 capítulos de 1h que nos sitúa en un futuro cercano, en el que una serie de atroces crímenes se suceden en el área de descontaminación de una central nuclear asturiana, destruida pocos años antes. Cuando el inspector a cargo -un estupendo Eduard Fernández- hunda un poco el hocico en la investigación, se encontrará con un lodazal de turbios secretos en torno a la “accidental” explosión de la central, tocando las narices a aquellos que no desean ser molestados. Se notan los abundantes medios con que está realizado este notabilísimo thriller: una fotografía espectacular que acentúa una atmósfera sombría muy lograda, grandes escenarios naturales, una buena plétora de actores… Lo dicho, si no fuera porque es muy nuestra, podría colar como una producción de la HBO. Un ritmo un pelín más vivo en su media parte le hubiera sentado bien, pero está tan por encima de la producción nacional habitual que no puedo sino destacarla.

En la Tierra de Aang, las cuatro naciones (asociadas a los diferentes elementos) vivían en armonía, pero todo eso cambió con el ataque de la nación del Fuego. Después de cien años de guerra, la aparición de un niño que puede dominar los cuatro elementos puede salvar al mundo –o acabar con él-, pero este niño todavía tiene mucho que aprender…
Avatar: la leyenda de Aang es una producción del canal estadounidense Nickelodeon de lo más curiosa, pues sigue punto por punto todas las reglas del shonen japonés más clásico. La construcción de los personajes, el estilo de los combates, la trama en torno a un improbable elegido y sus continuos power-up… todo. Sin embargo, la animación y el diseño de la imaginería sigue unos cánones  perfectamente occidentales. Una mezcla de lo más curiosa.
Compuesta de tres temporadas de 20 capítulos cada una, tiene el problema de ser claramente infantil en sus inicios, con capítulos que se pueden hacer bastante durillos para el espectador más curtido. Por suerte para todos, la serie va cogiendo un tono más juvenil y trascendente, especialmente a partir de la segunda temporada, con la aparición de los mejores personajes de todo el conjunto. Al final, te queda una serie que goza de una trama bien llevada, introduciendo dilemas éticos muy curiosos (sin dejar de ser juvenil), acción bien molona, personajes carismáticos y un final de bandera (cuando parece que la van a cagar con todo el equipo xD).

Como ya pasó con los libros, la última de las Recomendaciones (de Mt) de este año es también una propuesta con los pies MUY en la Tierra. Desde Dinamarca nos llega una serie que considero obligatoria (al menos en su primera temporada) para toda persona que quiera atreverse a hablar de política. Borgen nos cuenta la historia de Byrgit Nielsen y su partido político que, debido a una inusual serie de acontecimientos, acaba al mando del Parlamento danés (el Borgen), dirigiendo el país. Este grupo que venía concienciado para hacer de ruidosa y minoritaria oposición se ve obligado a comandar el futuro de su nación, aprendiendo sobre la marcha todos los resquicios y las intrigas del poder. Con un guión afilado como el Sorkin más inspirado vamos viendo como el idealismo choca contra la vida real y las concesiones van apareciendo aquí y alla: menos tiempo con la familia, es necesario pactar y ceder en algunos temas para ganar en otros… Sorprende y deleita por el realismo de sus primeras 2 temporadas, memorables por la calidad de sus diálogos, el carisma de sus protagonistas y la profundidad de sus tramas. Lamentablemente, un cambio de guionistas convierte la tercera (y última) temporada en más que prescindible. Igualmente, una serie que no podéis dejar pasar de ninguna manera, al menos los primeros 10 capítulos que son canelita de la buena buena.

Y ¡chim pum!, ésta es la conclusión de mi resumen del año. Seguro que dentro de esta marabunta de recomendaciones de todo tipo encontrarás alguna propuesta interesante con la que disfrutar, pasar un buen rato y, quién sabe si cambiarte la vida.


¡NOS LEEMOS!

viernes, 5 de enero de 2018

Recomendaciones (de Mt) del año 2017: Películas


¡Hola holita hola vecinitos!, después de echar un repasito a los libros del año 2017, le toca el turno a las películas. De éstas ha habido bastantes más, un buen ejemplo de que es mucho más fácil escribir sobre ellas que sobre los libros (je je). Hay películas que me han encantado, películas que me han gustado, otras me han aburrido y, quizás, las que peor sabor de boca me dejan son aquellas que podrían haber sido mucho más, pero no lo son. De todos los años que llevo otorgando las Recomendaciones (de Mt) del año, éste ha sido en el que he tenido más dificultades para dirimir qué propuestas iban a ser las galardonadas. Me ha dolido en el alma cada descarte de una de las candidatas hacia el premio y estoy seguro de que si hubieran pasado un par de semanas habríamos encontrado cambios, pero al final éstas son las que han quedado:

Las mejores

La única (casi) cosa buena de mi exilio en Escocia es que tenía un cine al ladito (pero bien al ladito) de casa, por lo que pasé una buena cantidad de horas dentro de sus salas, con un inicio del año ciertamente espectacular. Del puñado de películas que cayeron esas primeras semanas, destacaremos La llegada, película del virtuoso director Denis Villeneuve. En esta película, la aparición de unos intrigantes extraterrestres se toma como excusa para reflexionar admirablemente r sobre cómo nuestro lenguaje toma forma, influyendo a su vez en cómo percibimos la realidad, lo que nos obliga a rumiar sobre nosotros mismos y las dificultades para comprender a aquellos que nos son diferentes. Con grandes actores, una estupenda fotografía y una trama compleja y exigente, La llegada es una película con la que sumergirse y dejarse fascinar. Esta inusual propuesta de ciencia-ficción navega por tierras extrañas y exige un esfuerzo al espectador para captar todos sus matices, pero es capaz de llevar tanto a la emoción como a la reflexión, mezclando como pocas el cine más comercial con el sello de autor.

Como ya he comentado, ha sido un año dificil en su conjunto, lo que probablemente ha agudizado mi causticidad y las ganas de lanzarme hacia propuestas corrosivas, en las que lo peor del ser humano aflora con el mejor de los estilos. Un buen ejemplo de ello es Election ¡Qué delicioso placer se encierra en estas acidísimas elecciones escolares orquestadas por Alexander Payne! Un hecho tan anodino e inocuo como unas elecciones escolares se transforma, como en La llegada, en una excusa para diseccionar el comportamiento humano. Un idílico instituto que en principio no parece tener nada de interés esconde un nido de víboras, envidias y rencores de lo más florido y variado, funcionando como una sutil (o no tan sutil) alegoría de las elecciones estadounidenses. Aunque consigue que pierdas la fe en la humanidad, acepta cientos de interpretaciones válidas, lo que la convierte en una película ideal para ver en grupo y dedicar horas y horas a debatir sopesando cada diálogo y considerando el punto de vista de cada personaje implicado en estas improbables elecciones. Recomendabilísima

Finalmente, justo con el fin de año ha entrado un western crepuscular de protagonista improbable. Logan constituye un grandioso homenaje al más famoso de los mutantes cinéfilos y un recordatorio de que todo tiene su final, y éste es, siempre, nostálgico y dramático. Todo un rara avis dentro de su género, te lleva a lugares que nunca esperarías visitar en una película de súpers, recomendable incluso para los profanos e inmejorable despedida para un personaje que nos ha acompañado en la gran pantalla durante los últimos veinte años.


Lo peor

En cuanto a lo peor del año, no puedo sino recordar la película más gratuitamente lisérgica y pasada de página del año. Aúna efectos especiales malgastados, estrellas pasando de todo y excesos incoherentes. El salvaje entusiasmo con el que la lógica salta a tomar viento en Dioses de Egipto, puede ser descacharrante a partir de la tercera pinta de cerveza. Sin embargo, sobrepasa tanto la vergüenza ajena que no recomendaría de ninguna manera acercarse a esta improbable revisión del mito de Osiris si no es en condiciones muy especiales.



Y aquí se acaba el repaso a las Recomendaciones (de Mt) del año para las películas. Ya tenéis unos cuantos ejemplos de los cuales podéis disfrutar y reflexionar largo rato. ¿Cuáles han sido las vuestras? ¡Hasta la próxima!

miércoles, 3 de enero de 2018

Recomendaciones (de Mt) del año 2017: Libros


¡Hola a todos! Un año más, desde las Recomendaciones (o no) de Mt queremos desear a todos los lectores un…

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Que sorpresa. ¿Verdad? Como buen cambio de año, toca hacer balance de lo visto/leído y sacar su listita correspondiente sobre qué ha sido lo mejor y lo peor.

Primero de todo, mis reglas: El único motivo para que una propuesta sea elegible para salir en estas recomendaciones es que haya tenido su reseña correspondiente a lo largo del año. Da igual si es de 2016, 1807 o 2114, si ha caído este año que se acabar de ir… ¡me vale! De la misma manera, no colocaré dos obras del mismo autor en ninguna categoría. Quiero intentar mantener un poco de variedad, así que no creo que nadie se vaya a enfadar por esta consideración…

Empezaremos con el tema que dio origen al blog: LOS LIBROS

Este año ha acabado siendo muy fácil (ejem ejem) escoger lo mejor y lo peor, principalmente porque he reseñado muchas menos obras (pero muy muy poquitas) que otros años. Para que os hagáis una idea, sólo han sido 6 libros y no la treintena habitual (estoy arreglando esto, espero). Mientras que el premio a la peor obra estaba muy claro, ha sido dificil escoger tres libros para la mejor del año, pues alguna propuesta que otro año ni hubiera sido considerada ha acabado por colarse en el ránking.
Bueno, vamos al lío:
Los mejores 

Éste ha sido, sin ningún tipo de dudas, el libro más viciante y divertido que he leído este año. El bárbaro Cimmerio me ha proporcionado toneladas de diversión a lo largo de los años, pero es aquí, en esta búsqueda desesperada de su última aventura que le proporcione una muerte gloriosa, donde encontramos la mejor trama de toda la saga, con el añadido de la falibilidad de nuestro héroe, lejos ya de sus mejores años. No encontraremos en esta obra sutilezas o complicaciones, sólo disfrute y fascinación. Puede que sea una simple hamburguera literaria, pero es la mejor hamburguesa que vais a probar en mucho tiempo.


La ciencia-ficción se pasa de nuevo por mis recomendaciones después de un año de ausencia, aunque se trate de un título tan irregular como éste. Peter F. Hamilton realiza un descomunal esfuerzo para crear un universo vasto y complejo, vibrante, que se siente vivo, dónde se mezclan conspiraciones, guerras intergalácticas, horrores venidos más allá del terror incognoscible y otras maldades cósmicas. Se traza un abrumador tramado de personajes, historias y tramas al alcance de muy pocos, con el tema de la muerte siempre presente, aprovechando la multitud de personajes para reflexionar sobre su (necesaria) inevitabilidad. Sin duda es ciencia-ficción sesuda, que bien hará disfrutar a los amantes de la complejidad del género en su vertiente más árida pero también adolece de un ritmo que varía entre la lentitud y la inmovilidad, exigiendo mucho del lector para poder disfrutar de todos los matices que ofrece.


Y después de cruzar las salvajes tierras Hibóreas o surcar los más peligrosos mares interestelares, el tercer libro que aparece en el ránking se fija en la realidad más cotidiana, en esos nimios detalles que pueblan nuestro día a día y nos recuerdan la necesidad de amar y de sentirse amados, la soledad y la necesidad (o su falta) de buscar a alguien con quién compartir la vida. Estructurado en una serie de pequeños relatos que se pueden devorar en media tarde o paladear con toda la calma que deseemos, Anna Gavalda hace suceder, con una naturalidad pasmosa, pequeñas anécdotas cotidianas en las que su acerada prosa cincela con mimo las emociones, la provocación e incluso algunos resquicios de humor ácido con muy mala gaita, creando así pequeñas gemas que son al mismo tiempo conmovedoras y fascinantes. Quizás el mayor problema es que no te das cuenta y el libro se ha acabado. En ese sentido, lo que es capaz de generar con tan pocas palabras es impresionante.  

El peor

En este apartado, no ha habido ningún tipo de discusión. Éste es el único libro que he leído del que sólo puedo decir que es MALO con ganas. Esta aventurilla de piratas es un batiburrillo de ir de aquí para allá, con personajes intercambiables y una trama que ni siquiera alcanza a entretener. Al contrario que antes, aquí lo único que se podría destacar (siendo muy generosos) es que se trata de una novela cortita que se ventila en un pispas.


En fin, esto ha sido todo lo que concierne a los libros de este año. Cualquiera de los tres ganadores hará las delicias de un lector dedicado. Si mis comentarios os han puesto los dientes largos, no dudéis, no os decepcionarán. Por el resto, deseo a todos buenas lecturas y un buen 2018. 

lunes, 1 de enero de 2018

Batman y Robin

Si bien ya hemos visitado el horterismo del cómic en Flash Gordon, la espectacular insistencia en atentar contra el buen gusto y su incapacidad para ser autoconsciente de ello mientras despilfarraban un buen puñado de millones hace merecedor a Batman y Robin para aparecer dentro de este blog.


Supongo que primero debo aclarar que le tengo mucho cariño a la figura del héroe del murciélago. No en vano, el Batman de Tim Burton es la primera película que tengo consciencia de haber ido a ver al cine. De (muy) pequeño era un gran fan del Batman de Adam West y, por lo que cuentan mis padres, me puse TAN pesado con la peliculita que no tuvieron más remedio que llevarme. Pero bueno, al final me pasé media hora preguntando cuando salía Batman y luego no me gustó nada. Algunos años más tarde, no entendí apenas nada de Batman Returns pero me fascinó como pocas. Adolescente fui fiel a mi cita con Batman Forever, que revisito de vez en cuando como un placer culpable. Sin embargo, todavía recuerdo el cabreo con el que salí de ver Batman y Robin  en el cine. Creo que nunca había salido tan rebotado de una película y, desde entonces, no quise volver a acercarme a ella. Ni con un palo.

Este especial me ha servido como una oportunidad de exorcizar unos cuantos fantasmas, especialmente al darme cuenta de que la película de Joel Schumacher no es más que una adaptación super-vitaminada y super-mineralizada de la serie de los años sesenta: Acción de risa, malos que lo son sin motivo, gadgets bat-micos gratuitos, diálogos de besugos… ¡Lo único que le falta son los interludios con las onomatopeyas! Como en un capítulo cualquiera, B&R se embuten en trajes feos y tienen que enfrentarse al plan maligno de los malvados de turno que visten todavía peor que ellos. La única diferencia es que dura cien y no veinte minutos.


Hay películas que empiezan bien y luego se van hundiendo poco a poco, pero B&R empieza mal desde el principio, con una secuencia mostrando con todo detalle el relieve de los culos de las armaduras, los pezones en torsos hipermusculosos (de caucho) y un pobre George Clooney que no es capaz de moverse con la capucha puesta. Evidentemente, luego no remonta lo más mínimo, con una sucesión de escenas cada cual más avergonzante (el Comisario Gordon que parece salido de Agárralo como puedas, la Dark Visa de Batman, la creación de Poison Ivy y de ¿BANE? … y bueno, no sigo que esto es un no parar) para superarse todavía más encadenando unos treinta minutos finales de sucesos sin sentido que conducen a un final porque patata.

Sin embargo, B&R es una película que intenta molar. Mucho. Los guionistas han embutido la cinta con detalles destinados a captar la atención de los jóvenes del momento (finales de los noventa): Carreras clandestinas, adolescentes (aunque tengan 30) malotes, rebeldía contra la autoridad, féminas de armas tomar expertas en informática y un sinfín de comentarios pretendidamente graciosos para mostrar lo condenadamente molones que son todos los personajes. ¿realmente hacía falta que cada comentario de Mr. Frío tenga algo que ver con el hielo y cada uno de Poison Ivy sea “vegetativo”? Ni recordaba que eso que aparece por ahí era Bane y todo. Personajes molones convertidos en lamentables patanes, seres bufones y huecos que dan más rabia que otra cosa.


Evidentemente, con tantos elementos poochistas que se quedan desfasados al instante, el guión de la película se convierte en algo inexistente. Hay unos buenos, unos malos que aprietan fuerte los puñitos y ya, no hay espacio para más. ¿Tiene algún sentido meter a Batgirl más allá de tener una chica en el grupo?

Probablemente conscientes del engendro en que están participando, sus actores parecen entrar en una competición para ver quién hace su trabajo peor. Destacarían por su enconado esfuerzo los jóvenes Chris O’Donell y Alicia Silverstone, que no son capaces ni de gesticular como el más novato participante de una película porno. Clooney, Chuache, Thurman… ¡por lo menos parece que son capaces de sonreír y todo!
Pocas propuestas se han esforzado tanto por mostrar una Gotham tan exagerada e histriónica. Desde sus gigantescas estatuas imposibles, los trajes pezonales, sus punkarras malosísisimos, sus partidos de hockey o sus esbirros pasando frío porque… B&R recuerda en mucho a Flash Gordon, totalmente devorada en sustancia por sus intentos de molar. En él estriba, el único motivo por el que visionar este engendro. Tanta desmesura es meritoria.



Sin embargo, este regodeo no despide el encanto de la fantasía ochentera. Esta ingenuidad no tiene cabida a finales de los noventa, resultando en una película completamente fallida, rematando por muchos años una franquicia que no gozaba de muy buena salud. Recomendaría no verla, a menos que sea exactamente lo que queráis ver por razones que vosotros entendáis.

Npta: 1
Nota filmaffinity: 3.6

PD: Cuando Alicia Silverstone se presenta como “Batgirl”, Clooney le responde que eso no es políticamente correcto, que debería ser “Batpersona” o “Batmujer”. Estoy seguro de que intenta ser un chiste. ¿Alguien me puede explicar el sentido?

Publicada previamente en Cinéfagos AQUI


sábado, 30 de diciembre de 2017

El bosque (2º Visionado)

Como os habréis dado cuenta, la reseña del otro día ha sido un poco rara. Decidí volver a la sensación de estafa al ver El bosque porque los Todopoderosos me convencieron de que estaba errado, de que si examinaba mis sentimientos, podría reconocer la realidad. Así que, tras echar de nuevo un vistazo a una de las películas más denostadas de mi adolescencia, no pude sino comprobar un nuevo punto de vista.

El hecho de ver la película ya sabiendo qué va a ocurrir, qué es lo que se cuece en realidad, permite observar cómo cada escena (y es que realmente CADA escena) desde una nueva perspectiva en la que todo cuadra a la perfección. Los monstruos no existen. Esa es la realidad que te golpea como un muro a cada momento. En la primera escena, la muerte del chico podría haberse evitado yendo a la ciudad a por medicamentos, pero claro, eso no puede hacerse sin romper el orden establecido, algo que los jóvenes tienen pavor -por los monstruos- y los mayores tienen terror -por vergüenza-.

Vergüenza en romper el orden establecido que los propios fundadores del pueblo escogieron años atrás. Vergüenza por sentir miedo de un riesgo abstracto, de un enemigo que es invisible y acecha en cualquier rincón, que te ataca por las noches si vas solo, si vistes de una determinada manera o si realizas algunas acciones inadecuadas… ¿os suena? ¿Es acaso diferente del que sienten los jóvenes? ¿No recuerda a según que problemas de nuestra realidad? Ese es el resultado: una comunidad aparentemente idílica, aprisionada por un estado de paranoia informe ante cualquier ente discordante (y encima, autoimpuesto).

Ese mensaje sobre nuestos miedos se trae mediante una película de intriga con pinceladas de terror y romance muy bien trazado. Sin embargo, el tramposo final es doloroso para el espectador desprevenido, con el consiguiente odio en el momento de su estreno, especialmente agravado por el mentiroso tráiler, que vendió una película de terror y no un drama de intriga sobrenatural. Este aspecto ha sido una rémora especialmente sangrante a lo largo de todas las películas de Shyamalan, encasillado perennemente como creador de terror cuando no ha hecho más que dramas de gente que es incapaz de entenderse con los que le rodean.

Y es que en el fondo, esta película es una propuesta interesante, más que válida para dedicarle un par de visionados, pues Shyamalan nos brinda el cuento tenebroso por excelencia: sobrenatural pero realista, imposible pero cercano, extraño pero cotidiano…


Además, da pie a un debate muy interesante al ofrecernos una colonia aislada de la maldad del ser humano, una comunidad creada en base a la bondad, la generosidad y el amor mutuo… que se basa en la mentira y el terror para mantenerse a salvo de sí misma. ¿Es lícita su creación? ¿Es mejor vivir en la realidad o en la mentira que se nos presenta? En la propia película se dan sugerencias sobre cómo enfocarlo:
 -  Al principio todos ponen buena voluntad y el día a día funciona, especialmente con la aparición de las aterradoras bestias.¿Pero qué ocurre cuando necesites de la sociedad? Faltan medicinas, conocimientos, diferentes puntos de vista… 
-  ¿Cómo puede seguir este empeño durante más de una generación?
- ¿Cómo huir del dolor y del miedo, cuando el ser humano es el mejor dotado para crearlo a nuestro alrededor?
- ¿Hasta qué punto creamos el mundo en que vivimos? ¿ Hasta qué punto tenemos derecho a escoger el mundo en que vivimos?
- ¿Acaso podemos hacer otra cosa que aceptar el mundo que tenemos? ¿Cómo podemos no temer todo aquello que nos han enseñado a temer?  ¿Quién quiere taparse si no conoce el frío?, ¿quién quiere guardarse si no existe enemigo?, ¿quién quiere ocultarse de lo desconocido?


Sorprende el jugo que puede dar en un cineforum posterior, tanto para el espectador preparado como para el incauto. En el fondo, Shyamalan es un genio incomprendido, cuyos intereses nadie comparte, incapaz de gestionar sus cositas para que los demás las apreciemos. ¡Ay que buen director sería, si tuviera buen productor!


Nota 2: 7

jueves, 28 de diciembre de 2017

El bosque (1º visionado)

Yo fui uno de tantos adolescentes que alucinaron con el pobre Joel Osment y sus inesperados giros de guión. Vaya monstruo de película se había sacado de la manga el director indio. El protegido fue todavía más allá al meternos por el gaznate una película de superhéroes sin ningún tipo de anestesia. Señales fue una experiencia extraña, pero no es extraño que estuviera esperando con ansias la siguiente película de Shyamalan.
Y el tráiler prometía con ganas: un pueblo victoriano perdido en un bosque lleno de peligros,  en el que unos seres aterran a toda la población: el color rojo está prohibido, pues les atrae y nadie que les haya visto ha sobrevivido. Ni en el propio pueblo parece uno estar a salvo, pero ¡ay! Además, la necesidad obliga y parece ser necesario atravesar el bosque para salvar a un ser querido…


Realmente, prometía emoción y un servidor entró al cine con todas las ganas de pasármelo bien. Pocas veces entré más motivado a la sala y, de los 100 minutos que dura la película, estuve a tope durante esos 100 minutos. Shyamalan captó mi atención desde el primer segundo, generando en mí una sensación de incomodidad brutal sin llegar a enseñar NADA que pudiéramos considerar terrorífico.

No sólo es el talento del director a la hora de generar atmósferas malsanas, era también su gran calidad en el trabajo de fotografía, utilizando con maestría una paleta de colores demencialmente saturada que conviertía cada escena del bosque en una obra de arte, obligándote a sentir lo que el director necesitaba en cada momento, coherentemente con la historia y los sentimientos de cada personaje. Sorprendía apreciar como el rojo destacaba tanto cada vez que aparecía, como un absceso doloroso en la realidad, que parecía que no debiera existir.

La inquietante banda sonora se las pintaba sola para incomodar y dar la sensación de que “algo va mal”, tanto cuando la melodía se forzaba a partir de violines agonizantes, como a base de conversaciones susurradas en medio del terror o cuando la propia película se quedaba muda, a la espera de una escena desgarradora que nunca parecía llegar. No en vano fue nominada a los Oscars, premio más que suficiente para una película más que vilipendiada por todos.

Además, la película contaba con mis dos actores fetiche de aquel momento, Joachim Phoenix (al que adoro desde Gladiator) y Brice Dallas-Howard (que me había dejado tonto en Manderlay), con un par de papeles muy extraños, que casaban a la perfección con el ambiente inquietante de toda la película. Dos tarados que sufrían doblemente con sus problemas y el asedio de los seres del bosque, que tenían todo para clavarse en el alma y perdurar durante toda la vida.

Pero no fue así, pues pocas veces he salido del cine con tanta sensación de haber sido timado, queriendo ir a EEUU para exigir a Shyamalan en persona el dinero de la entrada. Tanto misterio, tanta inquietud, tanta preocupación por unos protagonistas para… ¿eso? Suerte para el director que la figura del hater y de la turba con ganas de ofenderse no estuviera tan desarrollada hace quince años, que si no éste no hubiera podido a salir de casa en su vida. Por mi parte, reconozco que me dolió tanto que no volví a ver una película de Shyamalan en el cine desde entonces.

Supongo que tendría que considerarla como una propuesta inquietante con un giro final que quería emular el golpe de efecto de El sexto sentido que reventaba todo lo que habíamos visto anteriormente. Fallida sin duda.

Nota : 2
Nota filmaffinity: 5.9